Recesiones en Europa: mejor que nos vayamos acostumbrando

Europa solía sufrir pocas recesiones y espaciadas en el tiempo. Sin embargo, a medida que disminuye la tasa de crecimiento tendencial, las recesiones serán mucho más frecuentes, por lo que los inversores harán bien en acostumbrarse.

La economía de la zona euro solo ha sufrido dos recesiones –definidas como dos o más trimestres consecutivos con crecimiento negativo del PIB– desde su fundación en 1999: la Gran Recesión de 2008-09 y la crisis de la deuda soberana europea de 2011-13. Dos recesiones en veinte años, no está mal.

Si nos remontamos en el tiempo, antes del nacimiento de la zona euro los países que hoy forman el bloque de la moneda única solo experimentaron colectivamente tres recesiones entre 1970 y 1999: en 1974-75, cuando la crisis del petróleo; en 1980, cuando el endurecimiento de la política monetaria de EE. UU. provocó una recesión en gran parte del mundo, y en 1992-93, a raíz de otra crisis del petróleo y de la crisis de ahorro y préstamo (S&L) en EE. UU. De nuevo, tres recesiones en casi treinta años parece razonable.

Sin embargo, a medida que disminuye el crecimiento tendencial de la economía de la zona euro –es decir, la tasa de crecimiento medio que los economistas esperan que se registre la mayor parte del tiempo–, las recesiones serán cada vez más frecuentes.

Pongámonos técnicos

Una manera elocuente de ilustrar esta afirmación consiste en comparar el crecimiento tendencial con la desviación típica de la tasa de crecimiento. Pero antes, repasemos brevemente qué es la desviación típica. Simplificando, la desviación típica mide la dispersión de un conjunto de datos respecto de la media (o promedio). Por lo tanto, una desviación típica baja indica que los valores tienden a ser cercanos a la media, mientras que una desviación típica elevada indica que los valores muestran un rango de dispersión más amplio con respecto a la media. Utilizando una analogía de golf, un golfista profesional tendrá una desviación típica baja (es decir, casi todas las bolas caerán cerca del hoyo) mientras que un aficionado tendrá una desviación típica elevada (bolas dentro y fuera del green).

Volviendo a la economía, estimamos que la zona euro crecerá a una tasa tendencial anual del 1,3%, que se irá reduciendo hasta el 1,0% en los próximos años. Sin embargo, la desviación típica del crecimiento a quince años es del 2,5%. ¿Qué implica que la tasa de crecimiento tendencial sea inferior a la desviación típica? Que muchos trimestres registrarán un crecimiento negativo.

De hecho, si recurrimos a la estadística, podemos calcular que para una función de probabilidad de una distribución normal con una media de 1,0% y una desviación típica de 2,5%, las posibilidades de que cualquier trimestre registre crecimiento negativo son del 34% (ver gráfico). A principios de los 2000, el cálculo equivalente arrojaba una probabilidad de contracción trimestral mucho más baja (del 10%).

Es más –y esto va para los auténticos aficionados a la estadística– este cálculo asume una distribución normal del crecimiento. En realidad, la distribución del crecimiento es «de cola gorda» (del inglés fat-tailed), es decir, existe una probabilidad mayor de la esperada de que se alcancen valores extremos. Volviendo a nuestra analogía de golf, esto quiere decir que más bolas acabarán en la arena. La implicación es que los trimestres con crecimiento negativo del PIB podrían ser aún más frecuentes de lo que estima este análisis.

¡Atención!

La conclusión es que los inversores de la zona euro tendrán que acostumbrarse a un mundo en el que el crecimiento se contrae en uno de cada tres trimestres. Pero no están solos: los cálculos equivalentes para otras economías de mercados desarrollados ofrecen resultados similares. Al fin y al cabo, los datos demográficos de Occidente se han convertido en un lastre para las economías. En muchos países, la productividad se mantiene en niveles obstinadamente bajos. El crecimiento tendencial del PIB se está reduciendo. Teniendo en cuenta todos estos factores, no es sorprendente que las contracciones económicas resulten cada vez más frecuentes.

¿Hora de entrar en pánico? Nosotros creemos que no. Más bien, los inversores deben cambiar de mentalidad y no darle demasiada importancia a las recesiones. En Japón, por ejemplo, las contracciones económicas trimestrales son algo normal y, sin embargo, eso no le resta atractivo a la renta variable japonesa como proxy de la economía mundial (pese a las tensiones comerciales, Japón continúa siendo el cuarto exportador más grande del mundo). Tampoco frena a los inversores que invierten en yen japonés como activo refugio en momentos de estrés en el mercado.

Una correlación débil

Algo parecido ocurre en Europa. Para los gestores activos, sigue habiendo un gran número de empresas que pueden comportarse bien, independientemente de cómo vaya la economía. De hecho, la correlación entre el comportamiento de la renta variable europea y el crecimiento económico de la región es más débil de lo que cabría esperar. Nuestro análisis sugiere que menos del 25% de las rentabilidades generadas por las bolsas de la zona euro se explica por el crecimiento económico de la región y que, en conjunto, menos del 50% de los ingresos de las cotizadas europeas proceden de la Unión Europea.

Conclusión

Parece que los inversores europeos sufrirán recesiones con mayor frecuencia. La buena noticia es que la mayoría serán efímeras, por lo que pueden considerarse una cuestión puramente estadística y no deberían dictar las decisiones de inversión. Es importante recordar, además, que existe un gran número de empresas europeas a las que les irá bien, incluso en los trimestres en los que el crecimiento del PIB sea negativo. Solo hace falta que los inversores mantengan la cabeza fría y no se queden en los titulares. Dicho de otra forma, es hora de aceptar la nueva norma.

Gráfico: Las recesiones serán cada vez más probables en la zona euro

 

insert_chart

 

Las opiniones y conclusiones expresadas en esta comunicación se basan únicamente en el interés general y no deben tomarse como asesoramiento de inversiones o como una invitación a comprar o vender ningún título específico.

Cualesquiera datos que figuren en este documento y que se atribuyan a un tercero ("Datos de terceros") son propiedad de un(os) proveedor(es) externo(s) (el "Propietario") y Standard Life Aberdeen** está autorizada a usarlos. Está prohibida la copia o distribución de Datos de terceros. Los Datos de terceros se facilitan a título orientativo y no se garantiza que sean exactos, completos u oportunos. En la medida en que lo permita la legislación aplicable, ninguno de los Propietarios, Standard Life Aberdeen** o ninguna otra parte (incluida cualquier parte involucrada en el suministro y/o recopilación de Datos de terceros) tendrá ninguna responsabilidad respecto a los Datos de terceros o respecto a ningún uso que se haga de los Datos de terceros. La rentabilidad pasada no es garantía de resultados futuros. Ni el Propietario ni ningún otro patrocinador externo respaldan o promocionan el fondo o el producto al que se refieren los Datos de terceros.

**Standard Life Aberdeen significa el miembro correspondiente del grupo Standard Life Aberdeen group, siendo Standard Life Aberdeen plc junto con sus empresas filiales y compañías asociadas (bien directas o indirectas) en cada momento.